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17 mayo / 2017
Diabetes y Esteatosis no alcohólica, una bomba para el corazón

La esteatosis no alcohólica, se refiere al hígado graso no alcohólico. Se estima que un 20% de la población diabética, desarrolla hígado graso no alcohólico. Cuando se combina la diabetes con hígado graso, las probabilidades de sufrir una enfermedad cardíaca se duplican. Tener hígado graso y padecer diabetes es una combinación muy común, con mayor riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, desarrollo de cirrosis hepática y cáncer de hígado.

Para ello es fundamental llevar un buen control metabólico para evitarle más complicaciones al corazón. El sostenimiento de cifras cercanas a lo normal para la glucemia (glucosa en sangre), que se encuentran entre 70 y 100 miligramos por decilitro (mg/dL). En la medida que logremos más años de buen control, existe un menor riesgo de desarrollar complicaciones crónicas de la diabetes.

 

Lipolisis

 

¿Cómo se puede llevar un buen control metabólico?

· Tomar una alimentación balanceada indicada por un especialista en nutrición y dietética.

· Realizar actividad física, principalmente aeróbica.

· Tener un control periódico con diferentes especialistas: endocrinólogo (diabetes),, médico general (salud en general), psicólogo (para sobrellevar la enfermedad en forma positiva), nutricionista (adecuada alimentación), hepatólogos (control del hígado), entre otros.

· Debe cumplir a cabalidad el tratamiento y esquema indicado por los médicos.

· Para casos de dislipidemia (colesterol y triglicéridos elevados) cumplir el tratamiento de los medicamentos para disminuir el riesgo de mortalidad cardiovascular y la disminución progresiva de la enfermedad grasa hepática.

¿Cómo afecta la diabetes al hígado?

En los pacientes con diabetes, por deficiencia en la actividad insulínica, encontramos que las hormonas que funcionan en forma contraria a la insulina toman el control del metabolismo, activando un proceso conocido como Lipólisis, cuya función es descomponer triglicéridos almacenados en el tejido, convertirlos en ácidos grasos, los cuales son enviados al hígado. Estos ácidos grasos pueden ser parcialmente metabolizados por el hígado o transformados nuevamente en triglicéridos para ser reenviados por vía sanguínea a los tejidos Esto provoca un incremento de triglicéridos en sangre y el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Los ácidos grasos que llegan al hígado y que no son reenviados al tejido adiposo en forma de triglicéridos pero que tampoco sufren metabolización, quedan almacenados de forma anormal constituyendo el inicio del hígado graso en los pacientes con diabetes, originando así en el paciente que no logra un control adecuado, un proceso inflamatorio crónico en el hígado que causa cirrosis hepática y/o cáncer de hígado.

Este proceso se convierte en un proceso sin fin, cuando tomamos una mala alimentación cargada de grasas saturadas y azúcares refinados por lo que pone en riego el corazón del paciente diabético porque las grasas y los azúcares no se metabolizan.

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